Por Mons. Rafael Lizcano García
El colegio posee una cantera inagotable de grandeza humana, de riqueza espiritual que alimenta y responde a las necesidades de las distintas generaciones de manera admirable, es San José.
Él, ha enseñado a los jóvenes de todos los tiempos los valores del silencio, la fidelidad y la firmeza.
Es el hombre de la esperanza que supo esperar como Abraham al día siguiente con la confianza de que después de la tormenta aparece el sol, que después de la tormenta la calma llega.
“La existencia de José, es una mesa donde no faltó nunca lo imprescindible y de la que sobró lo que no era necesario. Lo imprescindible era la fe, y lo no necesario era aquello que le impedía cumplir una misión y un objetivo: acoger, educar, acompañar y ser padre de la primera familia cristiana.”
San José es una invitación para toda la comunidad educativa para ser gigantes ante Dios con nuestra finura y generosa respuesta. Es una invitación para reflexionar cómo acogemos y acompañamos a Jesús en la persona de nuestros hijos, alumnos y compañeros.
San José en medio de esta sociedad consumista es una invitación a la sobriedad, al servicio y al compromiso.
En él palpamos el amor de Dios, descubrimos que somos llamados cada uno, a realizar una misión muy grande y que estamos invitados a la sencillez, la humildad y la coherencia.
San José para cada alumno del colegio es una invitación para escuchar a Dios, para convivir con él a lo largo de nuestra vida cotidiana, como lo hace con Jesús y María.
San José es una invitación a trabajar, a forjar ilusiones, en clima de fe y esperanza, a amar a Jesús con responsabilidad.
San José es una invitación a ofrecerle a Dios en el hombre, nuestro tiempo y honradez.
San José es una invitación constante para abrazar las causas grandes, para vivir a profundidad el compromiso.
San José es un joven que le dice si a Dios y que sabe permanecer a su lado. El enseña hoy a la juventud a convivir con Jesús, en compañía de María en medio de la sencillez y la autenticidad.
San José ¡es el Hombre! En toda su humildad y su grandeza, que junto a él, todos cuantos integramos la inmensa familia del Colegio, aprendamos a ser dignos de la confianza de Dios.
En bellas palabras poéticas se nos muestra su perfil:
“Nunca soñé con tanto. Me bastaban
mis días de martillo, y los olores
de madera y aserrín, y mi María
tintineando al fondo en sus cacharros.
Y si un día el Mesías levantaba
como un viento el país, yo habría estado
entre todos los suyos, para lucha
oscura o para súbdito. Y en cambio
como un trozo de monte desprendido
el Señor por mi casa, y aplastada
en demasiada dicha mi pequeña
calma, mi otra manera de aguardarse. “
J. l. Martín Descalzo
Que nuestro amado colegio, continúe forjando grandeza humana con dimensiones divinas con la ayuda de nuestro Santo patrono San José.